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Bonsai - Paisajes en miniatura de la China

Bonsai
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El cultivo de bonsai es la práctica de recrear paisajes en miniatura. Es una forma de expresión esencialmente artística que nació y se desarrolló en China

El cultivo de árboles en maceta, difundido por todo el mundo, es una práctica de jardinería ornamental particular. Si se reproduce en miniatura, en condiciones adecuadas, un árbol con las características que dicha especie tiene en su ambiente natural, se obtiene lo que denominamos bonsai.

Es una forma de expresión esencialmente artística, emanada de los pueblos donde nació y se desarrolló.

Bonsai significa árbol en maceta y, curiosamente, posee la misma grafía tanto en China, su país de origen, como en Japón, que lo dio a conocer al mundo.

El agua y las montañas juegan un papel predominante en el arte chino. Durante siglos, los pintores han insistido en la creación de paisajes naturales considerados eternos, pintando en lienzo las cumbres de altas montañas y torrenciales cascadas, cuestas que retroceden en la distancia y arroyos que corren suavemente.

Mientras sus colegas occidentales han explorado audazmente nuevos temas y formas de comunicación, en un esfuerzo continuo por trascender lo familiar y desafiar lo desconocido.

Ningún jardín chino clásico estaría completo sin la presencia de las rocas y el agua. Siendo la naturaleza la inspiradora de la cultura china y sus tradiciones, la geografía del país ofrece una explicación a esto.

Las montañas rocosas constituyen la mayor parte de la superficie de la China.

El agua es abundante en las regiones centrales y del sur y, en tres de los más grandes ríos del mundo: el Amarillo, el Yangtze y el Oriental, que recorren gran parte de su territorio.
 

Un poco de historia

El origen de los paisajes con rocas en miniatura - Shan Shui Penjing - se remonta a la Dinastía Han (205 a.C. - 220 d.C.). En esta época los paisajistas de jardines comenzaron a crear paisajes naturales a pequeña escala en los jardines de los palacios imperiales.

Intentaban recrear una leyenda china en la que un mago llamado Jian - Feng tenía poderes mágicos que le permitían reducir paisajes naturales con rocas, montañas, árboles, ríos y situarlos sobre una bandeja.

China tuvo una gran influencia sobre la cultura japonesa y la llegada del cultivo de bonsai a Japón (hacia el siglo XIII), se debió a la llegada de monjes, mercaderes y cortesanos que regresaban de sus viajes a China con bonsai como regalos de cortesía.

En 1644 un funcionario chino llamado Chu-shun-sui, huyendo de la dominación manchú llega a Japón, llevando consigo todos sus libros especializados sobre bonsai.

Con sus conocimientos fomentó decisivamente el cultivo de bonsai propiamente japonés, que en principio estaba sólo reservado a la nobleza y a los monjes. A fines del siglo XIX se extendió a todas las clases sociales.

Paralelamente al perfeccionamiento de la técnica, se produjo una evolución tanto en la forma de las plantas como de las macetas.

Las formas de los árboles se fueron simplificando paulatinamente con una tendencia a imitar las formas naturales.

Es en Japón donde ha tenido lugar el proceso de codificación de los diversos estilos y clases de bonsai. Y fue también es allí donde se reconoció, en el año 1935, el cultivo de bonsai como un arte.

En definitiva, independientemente de su país de origen, solo en Japón se ha asistido al desarrollo de los cánones estilísticos y estéticos que han transformado simples plantas cultivadas en maceta en obras maestras de perfección y armonía.

El bonsai hoy

En las últimas décadas se observa una preferencia a resaltar los aspectos más espectaculares y dramáticos de los árboles, producidos por factores naturales. En cambio, en las macetas han predominado la sobriedad, las líneas delicadas, la elegancia simple y refinada de formas y colores.

Lo esencial

El arreglo, la disposición de los elementos y la perspectiva, son aspectos igualmente vitales en la creación de paisajes con roca en miniatura y en el modelado de un bonsai.

El primer paso para obtener un buen resultado es examinar cuidadosamente el material del que disponemos. Estudiar la forma del tronco, la situación de las ramas, la textura de la corteza, la forma y tamaño de las rocas.

A continuación, antes de iniciar el montaje de las distintas piezas del paisaje, es absolutamente necesario definir aunque sólo sea mentalmente, el diseño y la composición artística que pretendemos.


No podemos comenzar la poda de un árbol o la colocación de una roca, si previamente no tenemos en claro que deseamos crear. Si improvisamos y vamos haciendo sobre la marcha, tenemos muchas posibilidades de que el resultado no transmita la sensación que deseamos provocar, que carezca de cualidades artísticas. Llegaríamos, en definitiva, a un resultado sin atractivo.

Para crear obras de arte vivas es conveniente inspirarse en la propia naturaleza. Aprender a mirar y a ver los árboles y las rocas. Observar cómo las ramas principales nacen del punto más fuerte, ver donde el follaje es más denso. Apreciaremos que, en el conjunto del árbol, se establece una jerarquía entre el tronco y las ramas, aparecen espacios vacíos y espacios llenos, haciéndose más compacta la densidad del follaje a medida que ascendemos por el tronco hasta llegar al ápice.

Al mismo tiempo, debemos observar cómo se integra ese árbol con los elementos que constituyen su entorno e intentar captar la unidad que se crea, el espíritu que nace cuando observamos el conjunto, no cada una de las partes aisladamente.

Si nuestra sensibilidad es capaz de captar la unidad, ese espíritu que nace cuando observamos el conjunto, estamos en condiciones de comenzar a crear y disfrutar nuestros propios paisajes en miniatura.


Por Ing. Santiago Daniel Vilchez Arrayán – Asociación de cultivadores de bonsai de Río Negro y Neuquén

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